

La cinta almacena agua en sus raíces y no tolera los riegos rutinarios. La clave de los expertos para mantenerla sana es observar el sustrato y el peso.
La planta de la cinta (Chlorophytum comosum) es un clásico de los hogares por su resistencia, pero tiene un punto débil: el riego por rutina. A diferencia de lo que muchos creen, esta especie no entiende de calendarios fijos y su salud depende de un gesto tan simple como efectivo: el tacto.
Cómo regar la planta cinta sin errores
Especialistas en botánica advierten que el error más frecuente es regar sin mirar. La cinta posee raíces carnosas que funcionan como reservorios de agua, lo que le permite soportar breves sequías, pero la hace vulnerable al encharcamiento.
Para no fallar, los expertos recomiendan:
La prueba del dedo: solo se debe regar cuando la capa superior del sustrato esté completamente seca al tacto. Si hay humedad, es mejor esperar.
El peso de la maceta: un truco infalible es levantar la planta. Si se siente inusualmente liviana, es momento de hidratarla.
Diferenciar estaciones: mientras que en verano puede demandar agua cada cinco días, en invierno un riego semanal suele ser más que suficiente.
Ubicación y drenaje
Para evitar que las puntas de las hojas se vuelvan marrones o se pudran, es vital que la maceta tenga un excelente drenaje y se encuentre en un lugar con luz brillante, pero sin sol directo.
En espacios sombríos, la tierra tarda mucho más en evaporar la humedad, por lo que el control manual se vuelve indispensable. La regla de oro para la cinta es clara: no requiere cuidados constantes, sino atención en el momento justo.
FUENTE: AIRE DIGITAL














