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Ricardo Darín vuelve a conquistar Netflix con una película basada en hechos reales

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El regreso de un film que conecta ficción y una historia marcada por el abandono estatal.

Más de una década después de su estreno, Netflix volvió a incluir en su catálogo a una de las películas argentinas más emblemáticas de los últimos tiempos. Se trata de Elefante Blanco, el film de 2012 dirigido por Pablo Trapero y protagonizado por Ricardo Darín, Jérémie Renier y Martina Gusmán. Como no podía ser de otra manera, los usuarios respondieron positivamente y las reproducciones son cada vez más.

La historia transcurre en un barrio popular de Buenos Aires en el que dos sacerdotes acompañan a una comunidad atravesada por la violencia, las carencias estructurales y la ausencia del Estado. En este marco, Julián, el cura interpretado por Darín, se esfuerza por generar oportunidades, apuntalar proyectos comunitarios y brindar respuestas a los habitantes del lugar.

A su lado se encuentra Nicolás, un sacerdote belga que se enfrenta a la dura realidad que viven las personas en el barrio. Junto a ellos está Luciana —interpretada por Martina Gusmán— una asistente social que proporciona una perspectiva diferente sobre las necesidades y las dificultades de la comunidad.

La historia real detrás del film protagonizado por Ricardo Darín

Uno de los puntos más interesantes de la película protagonizada por Ricardo Darín es su vínculo con un edificio emblemático de Villa Lugano: el Elefante Blanco. Esta obra —que tenía previsto convertirse en el hospital más grande de Latinoamérica— se detuvo en 1955, convirtiéndose en un asentamiento precario para cientos de familias.

Con el paso de las décadas, la construcción se convirtió en un símbolo de la desidia y el abandono del Estado. Esto inspiró a Trapero a utilizarla como referencia para desarrollar su historia de ficción. Finalmente, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires determinó la demolición del edificio en 2018 y el predio adyacente fue convertido en un espacio público llamado Parque Elefante Blanco.

Fuente: El intransigente