

Un gesto común entre perros y humanos puede ocultar mucho más de lo que creemos. Con una simple pata, muchos canes intentan comunicarse con quienes conviven con ellos.
La pata no solo sirve para caminar: para nuestros perros, puede ser un puente emocional. Cuando apoyan la pata sobre tu pierna o brazo, muchas veces buscan contacto, cariño o atención.
Pero no todos esos toques significan lo mismo. Si el perro está rígido, evita la mirada o respira con rapidez, ese gesto podría reflejar nerviosismo o incomodidad.
Reconocer cuándo tu perro te toca con la pata puede ayudarte a comprender sus necesidades, su estado de ánimo y fortalecer la conexión entre ambos.
¿Por qué los perros nos tocan con la pata?
La pata de un perro es mucho más que una extremidad para caminar: funciona como una herramienta de comunicación no verbal casi tan compleja como su mirada o la posición de su cola. Así lo expone un reciente artículo de 20minutos: cuando un perro coloca su pata sobre nosotros, nos empuja ligeramente o simplemente levanta la pata sin apoyarla, está intentando trasmitir un mensaje.
Desde sus primeros momentos de vida, los cachorros utilizan sus patas para empujar el vientre materno, estimulando la producción de leche. Ese acto -un reflejo instintivo- tiene su origen en la supervivencia. Con el tiempo, los perros domesticados por humanos aprendieron que ese mismo gesto genera una respuesta: alimento, consuelo, contacto.
Por eso, en la adultez muchos canes continúan empleando las patas como un medio para pedir algo: atención, juego, salir, compañía o, sencillamente, cercanía. Pero reducir ese comportamiento a una “demanda” sería simplista: también puede expresar afecto, confianza o ternura.
Un uso habitual de este gesto es como “llamador” de atención. Muchos perros tocan a su humano cuando quieren jugar, salir a pasear, comer o simplemente iniciar una interacción. Al apoyarse con la pata, han aprendido que alguien reaccionará.
Este tipo de comunicación se refuerza rápidamente: si cada vez que el perro toca recibe atención, comida o compañía, aprende que ese gesto “vale la pena”. Por eso, cuando convivas con un perro, puede ser útil observar con atención si existe un patrón —hora de la comida, rutina, aburrimiento— detrás del toque.
Pero no todos los toques con la pata implican un pedido: muchas veces, simplemente son una muestra de cariño. Cuando un perro está relajado, con postura suelta, mirada tranquila y colita calmada, apoyar la pata sobre tu pierna o brazo puede ser una forma de buscar contacto, mostrar apego y reafirmar la relación.
Incluso, diversos expertos señalan que dicho contacto físico activa en los perros —y en los humanos— neurotransmisores relacionados con el vínculo social, como la oxitocina, la dopamina y la serotonina. Son sustancias que refuerzan la confianza y el afecto mutuo.
Cuando el gesto revela tensión, miedo o estrés
Sin embargo, la pata también puede ser una señal de incomodidad. Si este gesto va acompañado de rigidez corporal, mirada desviada, orejas hacia atrás, respiración acelerada o sacudidas, podría indicar nerviosismo, inseguridad o incluso dolor físico. En esos casos, el perro no busca cariño ni contacto, sino comunicar su malestar.
Incluso algunos perros levantan la pata sin tocar a nadie -un indicio de alerta o stress-, o empujan en lugar de acariciar, como si quisieran alejarse. Interpretar correctamente estos gestos requiere observar el conjunto de su lenguaje corporal, no solo la pata aislada.
¿Cómo responder como humanos responsables?
Lo primero es reconocer que la pata es parte de un “lenguaje” más amplio. Ante un toque con la pata es importante observar contexto: ¿es un momento relajado, cómodo y afectivo? ¿O hay signos de tensión o ansiedad? Esa diferencia es clave.
Si se trata de una petición —juego, paseo, atención—, lo ideal es responder sin potenciar demandas excesivas: ofrecer alternativas positivas como ejercicio, un juguete, un paseo o caricias puede ser más sano que ceder automáticamente.
Si el contacto es afectivo, disfrutarlo con tranquilidad fortalece el vínculo y refuerza la confianza y el cariño mutuo. Si, en cambio, el gesto aparece en contextos de estrés, ansiedad o dolor, puede ser conveniente consultar con un veterinario o especialista en conducta.
FUENTE: CLARIN













