

Se trata de una carta abierta a las autoridades municipales por el maltrato para renovar la licencia de conducir y el engorroso sistema burocrático, especialmente a las personas mayores.
Por Clarys Telma Valsagna.- A la opinión pública y a las autoridades correspondientes: tengo 85 años, un historial de conducción de automotores de más de 50 años y una vida dedicada a mi familia y mi comunidad. Sin embargo, recientemente me vi sometida a un proceso de renovación de licencia de conducir, por parte del sistema municipal, que solo puedo describir como un calvario.
Trampa de la «modernización» digital
El primer obstáculo que encontré fue un sistema que parece diseñado para excluir. Me entregaron un número de WhatsApp con información obsoleta y me pidieron que enfrente al asistente virtual «Rafi», quien es incapaz de resolver problemas reales simples, como el otorgamiento de un turno en la oficina municipal de licencia de conducir. Si no fuera por la intervención de mi hija y mi insistencia personal, el sistema simplemente me habría dejado fuera por su propia ineficacia.
Falta de respeto profesional y técnica
Fui evaluada con equipos precarios con letras negras sobre fondo azul en el examen visual. Y una sala de examen de audiometría sin puertas, donde el ruido ambiental invalida cualquier resultado serio. Por otra parte, resulta inadmisible que un médico, cuya especialidad parece ser la traumatología, desestime un certificado de un área ajena a su especialidad (oftalmología) emitido por un especialista de renombre, en cuya clínica realizo mis controles anuales.
También desagradable es el trato en el examen psicológico, donde se nos pregunta si podemos identificar un lápiz. Me lleva a pensar: ¿es este el estándar de respeto que nuestra ciudad tiene para quienes hemos construido su presente?
Obstáculos arbitrarios y costos injustificados
A pesar de no tener infracciones, fui sometida a rendir un examen práctico bajo el sol abrasador de las 14:00 horas, enfrentando requisitos que nadie se molestó en comunicarme previamente, como la prohibición de vidrios polarizados en el auto con el que concurrí al examen.
Esto me obligó a hacer retirar el polarizado para poder continuar, una tarea costosa y tediosa que no tiene relación con mi capacidad ni mi aptitud de manejo. Y no deja de sorprenderme especialmente cuando esos mismos cristales están permitidos para la circulación general. Nada más incongruente. Además, se me exigió demostrar el pago de patentes, a pesar de que los registros internos deberían exhibir que los pagos se realizan puntualmente a su vencimiento por débito automático.
Esta “falta de información” postergó el examen práctico y me obligó a incurrir en gastos urgentes como el pago de taxis para poder cumplir con mis responsabilidades familiares. Ellas no son menores, por cierto: retirar a mis nietos de la escuela, acompañarlos a sus actividades, realizar trámites, etc. Todo eso mientras la burocracia retenía la expedición del carné por «falta de turnos» o ausencia de médicos disponibles. Carné por el cual yo ya había agotado -satisfactoriamente- todas las instancias, obstáculos y objeciones, que con rigor se me impusieron.
Pagar por todo y recibir poco
Aunque alguna vez me duela, he tenido que pagar este trámite y en general cualquier tipo de impuesto, tasa o como quiera llamarse para que las cosas de la ciudad a veces se hagan y otras no. Para que en muchas ocasiones cuando resultan necesarias directamente no estén. Entonces no quiero dejar de lado que, a mi edad, no me encuentro particularmente beneficiada con privilegios, ni con reducciones o postergaciones para el cumplimiento de mis obligaciones. La Municipalidad -por lo visto- las considera idénticas se tenga 20 años o más de 80. Así es que me cobran todo y debo pagar sin contemplaciones.
Llamado a la dignidad
Debo aclarar que no escribo esto solo por mí ni mucho menos para mí. Escribo por todas las personas que sufren este trato que considero un manoseo en silencio. Tal vez por vergüenza, o lo que es mucho más preocupante, por temor a que no les renueven la licencia. Manejar representa para nosotros nuestra autonomía, nuestra conexión con el entorno familiar y social. Trasladarnos de un lugar a otro representa, no solo para mí, sino para muchos lo que nos permite desarrollar una vida activa y plena. Por eso, estimo que sostener la ineficacia de sistemas digitales o informáticos, en el ámbito del Estado municipal, es una decisión tomada con la finalidad de crear barreras y excluir, pero que repercute mucho más en adultos mayores. Es sencillo: pone distancia y nos aleja de la posibilidad de ser productivos, de acompañar el ritmo o la intensidad de la vida actual de nuestras familias o de los grupos sociales a los que pertenecemos. Porque al final restarnos autonomía e independencia cuando estamos en condiciones físicas para continuar manejando nos transforma directamente en una carga negativa para todos ellos. Es por eso por lo que exijo simplemente que la tramitación de la licencia de conducir sea eficiente en cuanto a procedimientos. Que se haga lo necesario para que cuente con la infraestructura adecuada y con recursos humanos preparados. Pero que también se humanice y que se nos trate con la dignidad que cualquier ciudadano merece. Espero que los representantes políticos y los medios de comunicación se hagan eco de esta denuncia. No pido privilegios sino justicia y respeto. Ni más ni menos.
Correo: [email protected], TE 3492-503167.
FUENTE: DIARIO CASTELLANOS















