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# Mugna llamó a construir una Rafaela donde la diversidad sea una riqueza

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## En la misa por San Rafael, el padre Alejandro Mugna reivindicó una identidad rafaelina construida a partir del encuentro de diferentes culturas y convocó a renovar el compromiso con la fraternidad y el bien común.

Después del acto oficial por los 145 años de la formación de Rafaela realizado en el Cine Teatro Belgrano, la celebración continuó a pocos metros, pero cambió de escenario y también de tono. Las autoridades se trasladaron hasta la Catedral San Rafael para participar de la misa en honor al Santo Patrono de la ciudad, donde el padre Alejandro Mugna dejó un mensaje atravesado por la historia, la fraternidad, la diversidad y una convocatoria a trabajar por el bien común.

Participaron de la celebración el intendente Leonardo Viotti; el senador provincial Alcides Calvo; la presidenta del Concejo Municipal, Mabel Fossatti; concejales y funcionarios del gabinete municipal, además de representantes de Carcabuey y Sigmaringendorf, dos de las ciudades hermanas que visitaron Rafaela durante las actividades conmemorativas.

En una jornada especialmente cargada de simbolismo, la misa reunió tres celebraciones: la festividad de San Rafael, patrono de la ciudad; los 145 años de la formación de Rafaela; y los 31 años de la consagración de la Catedral, realizada el 24 de octubre de 1995.

Mugna comenzó precisamente desde la figura de San Rafael —cuyo nombre significa “Medicina de Dios”— para hablar de una presencia que acompaña no solamente la vida personal, sino también la vida comunitaria. Desde allí llevó su reflexión hacia la historia rafaelina. “Damos gracias por los 145 años de la formación de Rafaela, por su historia forjada con esfuerzo, sacrificio y compromiso cargado de esperanza y de impulso”, expresó.

## Una identidad nacida del encuentro

Uno de los pasajes más significativos de su mensaje estuvo dedicado a la construcción de la identidad local. La presencia de representantes de las ciudades hermanas europeas le permitió recuperar la importancia de los movimientos inmigratorios en la formación de Rafaela, aunque Mugna amplió esa mirada para incluir a quienes ya habitaban o trabajaban estas tierras.

Definió los hermanamientos como expresión de “una riquísima fusión de culturas, costumbres y valores” que terminaron conformando un modo de ser propio de los habitantes de Rafaela.

La fe y la cultura que trajeron consigo los inmigrantes, explicó, debieron encarnarse en una realidad completamente nueva y fusionarse progresivamente entre sí, pero también encontrarse con descendientes de los pueblos originarios que habitaban al oeste del río Salado y llegaban hasta esta zona y con los criollos que desde hacía tiempo trabajaban las grandes extensiones rurales. No fue, según planteó, un proceso sencillo. “Esta fusión fue una experiencia exigente pero muy fecunda”, sostuvo.

De esa historia derivó uno de los conceptos centrales de la homilía: los vínculos construidos entre Rafaela y sus ciudades hermanas no deberían ser vistos únicamente como un recuerdo de los orígenes, sino como una expresión concreta de la “vocación universal del ser humano a la fraternidad”.

Mugna recuperó entonces un mensaje del papa Francisco para pedir que la sociedad pueda hacer renacer un deseo de hermandad basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona. Y resumió esa aspiración en una frase: **“Una fraternidad real donde la diversidad sea una riqueza y no un motivo de división”.**

La presencia de las delegaciones extranjeras representaba, desde esa perspectiva, no solamente un motivo de celebración sino también “un renovado compromiso de fraternidad”.

## La Catedral, una casa en el corazón de Rafaela

La reflexión se trasladó después hacia el propio templo. A 31 años de su consagración, Mugna definió a la Catedral San Rafael con una expresión sencilla: “Es nuestra casa”. Una casa de oración ubicada precisamente en el centro de Rafaela y desde la cual la Iglesia acompaña a una diócesis caracterizada también por su diversidad y por una enorme extensión territorial.

Pero el sacerdote recurrió además a una imagen cotidiana que conocen quienes atraviesan habitualmente la Catedral. Habló de las personas que ingresan al templo y se detienen frente a la imagen de Cristo crucificado ubicada en la entrada. Fieles que la tocan, la besan y, con ese gesto repetido durante años, terminan literalmente “gastando” la imagen.

Para Mugna, allí se expresa una religiosidad sencilla pero profunda: la búsqueda de “un amor que escucha amando”, representado por un Cristo que recibe a quienes llegan al templo con sus necesidades, angustias y esperanzas.

Muchos continúan después hacia la capilla del Santísimo, señaló, buscando una presencia “que consuela, serena, salva y envía nuevamente”. Fue entonces cuando dejó otra de las definiciones fuertes de su mensaje. **“La celebración cotidiana de la Eucaristía en esta iglesia es el pulmón de nuestra ciudad y de nuestra sociedad”, afirmó.**

La ubicación de la Catedral en pleno centro urbano adquirió así para Mugna otro significado. Mientras Rafaela inicia cada mañana su actividad, mientras sus habitantes se dirigen a trabajar y comienza el movimiento cotidiano, la celebración religiosa recuerda —desde el corazón mismo de la ciudad— cuál debería ser el centro de la vida para quienes profesan la fe cristiana.

#### Un llamado al bien común

El último tramo de la homilía dejó atrás la evocación histórica para proyectarse hacia el presente. Mugna sostuvo que el mensaje evangélico coloca al amor en el centro de la existencia: amor a Dios y amor hacia los demás, involucrando “todo nuestro ser, capacidades y dones”. Pidió entonces por una Iglesia capaz de salir de sí misma, llegar hasta las periferias y “no cansarse de ser un hospital de campaña”.

Pero inmediatamente amplió la convocatoria más allá de la comunidad católica. **“Pidamos también para que todos los rafaelinos, todos los argentinos, creyentes o no, busquemos con todas nuestras fuerzas el bien común”, expresó.**

Fue probablemente la frase que mejor sintetizó el mensaje que Mugna quiso dejar en una celebración que excedió el marco estrictamente religioso. Porque en el día en que Rafaela recordó sus 145 años, el sacerdote volvió sobre la historia para hablar del presente: una comunidad nacida del encuentro de procedencias, culturas y experiencias diferentes que, precisamente por eso, tiene en la convivencia uno de sus principales patrimonios.

Desde la Catedral que lleva el nombre del patrono de Rafaela, Mugna propuso que aquella experiencia de integración que estuvo en los orígenes conserve vigencia frente a los desafíos actuales: reconocer al otro, transformar la diversidad en riqueza y colocar el bien común por encima de las diferencias.

Fuente: La Opinión

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