
El emprendimiento de turismo rural, que se había convertido en uno de los espacios más representativos de la localidad y recibía a cientos de visitantes cada fin de semana, sufrió daños generalizados tras la histórica pedrada de este jueves. Su propietaria, Marcela, anunció que el lugar permanecerá cerrado por el momento y que la familia deberá afrontar una larga reconstrucción. También se reportó la muerte de algunos animales.
La histórica tormenta de granizo que azotó a Ataliva durante la mañana de este jueves 22 de octubre dejó consecuencias devastadoras en uno de los emprendimientos más queridos de la localidad. Granja La Serena, ubicada en el ingreso al pueblo, sufrió daños de enorme magnitud y quedó prácticamente destruida por el impacto de las piedras de hielo, que afectaron la vegetación, las instalaciones y parte de los espacios destinados a los animales.
La dimensión de lo ocurrido quedó reflejada en un video compartido por Marcela, propietaria del lugar, quien se mostró profundamente conmocionada ante las pérdidas. En su mensaje, anticipó que la granja permanecerá cerrada por el momento y que la familia deberá comenzar un proceso de reconstrucción para intentar recuperar lo que durante años construyó con esfuerzo y dedicación.
La tormenta, que dejó granizo de un tamaño cercano al de una pelota de golf, arrasó con plantas y espacios verdes, dañó distintas instalaciones y provocó también la muerte de algunos animales. El impacto fue especialmente doloroso para un lugar cuya identidad está estrechamente vinculada con el cuidado de la fauna y el contacto con la naturaleza.
Un lugar emblemático para las familias de Ataliva y la región
Granja La Serena se había consolidado en los últimos años como una de las propuestas de turismo rural más reconocidas de Ataliva. El emprendimiento, impulsado por Hugo y Marcela durante la pandemia, creció progresivamente hasta convertirse en un punto de encuentro para familias que buscaban disfrutar de la naturaleza, conocer distintas especies animales y compartir una experiencia diferente.
Cada fin de semana, el predio recibía a visitantes de la localidad y de distintos puntos de la región. Patos, gallinas, pavos reales, caballos y otros animales formaban parte de una propuesta que combinaba recreación, aprendizaje y cuidado animal. El lugar también brindaba refugio a ejemplares rescatados o recuperados de situaciones de abandono.
Por eso, los daños provocados por la pedrada exceden la destrucción material. La pérdida de vegetación, los destrozos en las instalaciones y las consecuencias sobre los animales golpean directamente el corazón de un proyecto familiar que se había convertido en un espacio de referencia para la comunidad.
El anuncio de su cierre temporal representa, además, la interrupción de una actividad que durante años convocó a visitantes y contribuyó a posicionar a Ataliva como una alternativa para el turismo rural en la zona.















