“Argentina no puede recibir órdenes del extranjero”, sostuvo el gobernador, que también criticó la relación de Milei con Estados Unidos e Israel. En el plano provincial, presentó las políticas de su administración como una red de contención frente a los recortes nacionales y destacó la continuidad de la obra pública, la asistencia social y la inversión educativa.
Máximo, por su parte, enumeró lo que considera retrocesos en materia de empleo, salarios, educación y salud. También cuestionó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al sostener que favorece a grandes empresas mientras las economías locales y los hogares enfrentan dificultades crecientes.
Sin embargo, las coincidencias contra Milei no se tradujeron en una convocatoria compartida. La falta de un acto unificado volvió a exponer el problema de fondo: el peronismo necesita construir una alternativa electoral, pero todavía discute quién debe liderarla y con qué equilibrio entre el kirchnerismo y el espacio que impulsa Kicillof.
El PJ llega a 2027 con la unidad en disputa
Kicillof planteó que el peronismo debe actualizar su propuesta sin abandonar sus principios y buscar a quienes votaron a Milei con expectativas que, según su interpretación, no se cumplieron. Su apuesta es convertir el descontento con el Gobierno en una mayoría electoral capaz de disputar la Presidencia.
Máximo, en cambio, puso el acento en la lealtad política, la militancia y la necesidad de sostener la confrontación sin retrocesos. Su discurso dejó una advertencia para quienes reclaman renovación o nuevos liderazgos, pero también para los dirigentes que buscan construir una alternativa sin resolver primero las diferencias dentro del movimiento.


















