Lejos de mostrarse esquivo, Manzanares habría asumido su propia cuota de responsabilidad frente a quienes lo rodean. “Quiero pagar lo que me corresponde, si me toca años en prisión, iré preso”, les habría confiado. La frase resume una postura que, según su entorno, no es una pose: el ex contador entiende que su rol en la trama investigada lo coloca en una posición difícil de eludir.
Su historia personal también pesa. Detenido en julio de 2017, quedó marcado por el paso por la cárcel incluso después de recuperar la libertad. Desde entonces no volvió a ejercer su profesión y se define a sí mismo como un “muerto civil”. Para él, la extensión del proceso judicial fue un obstáculo que le impidió cerrar su situación y empezar de nuevo.
Uno de los puntos que más se le consultan es cómo será volver a verse cara a cara con Cristina y Máximo Kirchner en la sala de audiencias. Según una persona de su confianza, la respuesta es clara: no le preocupa. Manzanares habría decidido que su prioridad ya no pasa por las relaciones personales que construyó durante décadas, sino por resolver su situación con la Justicia.
Esa determinación contrasta con el vínculo que supo tener con la familia. Fue hombre de confianza de Néstor Kirchner y luego de Cristina, y conoció de cerca el manejo de los negocios patrimoniales del matrimonio. Ese conocimiento es, justamente, el que hoy lo convierte en una pieza incómoda para sus antiguos empleadores.
Los aportes como arrepentido
En su rol de arrepentido en la causa de los Cuadernos, Manzanares brindó información sobre operaciones patrimoniales de los Kirchner y sobre maniobras de blanqueo que, según declaró, involucraban a Daniel Muñoz, el fallecido ex secretario privado de Néstor Kirchner. Uno de los datos más resonantes que aportó tiene que ver con Los Sauces: según su testimonio, la firma estuvo alquilada por unos 90.000 dólares mensuales y habría generado ingresos de entre 10 y 11 millones de dólares.
Manzanares describió a esa sociedad como “la gema de la corona” y explicó que parte de ese dinero debía “moverlo y generar blanco”, una expresión que, en la jerga de la investigación, alude a la necesidad de darle apariencia lícita a fondos de origen dudoso. Esos aportes fueron centrales para que la causa avanzara y hoy forman parte del expediente que llegará a juicio.
Fuente: BorderPeriodismo

















