La fotografía que surge de estos números es la de una herramienta que, pese a haber sido incorporada a la estructura policial provincial, continúa teniendo un uso acotado.
En términos absolutos, hubo un promedio de menos de tres intervenciones por mes durante el período analizado. Además, los usos no se distribuyeron de manera uniforme: Rosario concentró 20 de los 31 procedimientos y el Comando Radioeléctrico y la Brigada Motorizada reunieron 25 intervenciones entre ambas dependencias.
Un año después: un uso acotado y con fuerte presencia de situaciones de salud mental
El primer año deja una conclusión difícil de soslayar: la Taser todavía está lejos de ocupar un lugar central en la intervención policial santafesina. El Gobierno provincial rodeó su incorporación de una fuerte expectativa y la presentó como una herramienta capaz de ampliar las alternativas de respuesta frente a situaciones de riesgo, pero su utilización se mantiene acotada a intervenciones puntuales.
El recorrido de estos primeros meses también muestra que una parte significativa de esos procedimientos estuvo vinculada con situaciones de salud mental, autolesiones e intentos de suicidio, además de episodios de agresividad, amenazas y violencia.
Más que una herramienta consolidada de uso cotidiano, el balance de estos primeros doce meses muestra un recurso que permanece reservado para determinados escenarios de riesgo y cuyo verdadero alcance dentro del modelo policial santafesino todavía parece estar por definirse.


















