La legislación vigente impide que inversores extranjeros concentren más del 15% de las tierras rurales y fija límites por nacionalidad y por superficie. El proyecto del Gobierno elimina esas restricciones y solo mantiene la prohibición para que Estados extranjeros, organismos públicos y entidades vinculadas a ellos adquieran tierras, salvo que el Poder Ejecutivo autorice la operación por considerar que no afecta la seguridad, la defensa ni la soberanía nacional.



















