

La Escuela “Clemar Cerutti” mantiene desde su apertura en 2024 una política que prohíbe a los estudiantes llevar teléfonos a clases. La medida fue acordada con familias, docentes y alumnos y, según la institución, mejoró la atención en el aula y la convivencia cotidiana.
La Escuela Secundaria con Formación Profesional “Clemar Cerutti” de Freyre sostiene desde su creación en 2024 una decisión poco habitual en la región: los estudiantes no pueden asistir con celulares a la institución. La medida fue incorporada desde el inicio en los acuerdos escolares de convivencia y, según explicó su coordinadora, Ivana Genero, cuenta con respaldo de toda la comunidad educativa.
En diálogo con El Periódico, Genero contó que la norma fue debatida antes de la apertura del establecimiento junto a padres, estudiantes, docentes e integrantes de la comunidad educativa. “Sabemos que es difícil que los chicos no traigan el celular a la escuela, pero todos estuvieron de acuerdo, entonces fue más fácil”, señaló.
La coordinadora aseguró que la decisión mejoró de manera notable la dinámica en el aula. “Nos facilita un montón el trabajo porque no está este elemento distractor que interrumpe. Los chicos prestan atención realmente al profesor y se involucran en las actividades de otra manera”, afirmó.
Según relató, la medida no generó resistencias importantes entre las familias. “Están súper agradecidos. Todos los padres nos dicen que en la casa es difícil controlar el uso del celular, entonces valoran que estén cinco o seis horas sin el teléfono”, sostuvo.
Genero explicó además que la escuela mantiene comunicación permanente con las familias mediante grupos de contacto directo, lo que evita que los estudiantes funcionen como intermediarios en la transmisión de información. “La información siempre es más objetiva cuando llega de parte nuestra a los padres”, indicó.
Una norma que se incorporó desde el inicio
La directiva reconoció que durante los primeros días de funcionamiento hubo algunos estudiantes que manifestaron incomodidad con la restricción, pero aseguró que la adaptación fue rápida. “Había uno o dos que se resistían porque sentían esa falta del celular, pero después se acostumbraron. Hoy ya es algo normal”, dijo.
A diferencia de otras instituciones que optan por retirar los teléfonos al ingreso, en la escuela de Freyre directamente no se permite que los alumnos los lleven. Solo en casos excepcionales pueden acercarlos para resolver problemas técnicos vinculados al uso de plataformas educativas. En esos casos, el dispositivo queda guardado con la preceptora hasta la salida.
“Fue una norma que se estableció acordada y se respeta. No tuvimos que hacer nada raro ni complicado para que lo entiendan”, remarcó.
Genero destacó que la ausencia de celulares también modificó la dinámica durante los recreos. “Juegan, corren, tenemos algunos juegos para ofrecerles, les ponemos música. Se comunican, se hablan, se miran”, describió.
“Es muy lindo verlos. Hay comunicación realmente”, agregó.
“Es una medida que llegó para quedarse”
Consultada sobre la continuidad de la política, la coordinadora fue contundente: “Es una medida que llegó para quedarse sin dudas, porque vemos que nos da muchos resultados”.
No obstante, y ante la consulta de este medio, señaló que la posibilidad de replicar el modelo en otras escuelas depende de cada realidad institucional. Consideró que en establecimientos donde el uso del celular ya está naturalizado puede resultar más complejo avanzar con una prohibición total.
“Nosotros tuvimos la ventaja de implementarlo desde el inicio. Las escuelas que ya vienen acostumbradas a usarlo seguramente lo tienen más difícil, pero no creo que sea imposible”, planteó.
También remarcó que la institución cuenta con computadoras para el trabajo pedagógico, lo que reduce la necesidad de utilizar teléfonos en clase, y consideró que en otros establecimientos podrían pensarse esquemas graduales o restricciones parciales.
Desde la propia escuela destacaron recientemente que transitan su tercer año consecutivo “sin celular en la escuela” y remarcaron que la experiencia permitió “optimizar el trabajo en el aula” al eliminar “un poderoso distractor” para los estudiantes.
FUENTE: EL PERIODICO

















