Taser, fuego y crisis de mando: una conducción policial que se vuelve peligrosa

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El caso del vigilador internado en el HECA expone una cadena de irregularidades y una jefatura cada vez más cuestionada.

Por Alberto Rubén Martínez (*)

La gravísima situación del trabajador de vigilancia que hoy se debate entre la vida y la muerte en el HECA no puede ser leída como un hecho aislado. Es, en realidad, el último episodio de una secuencia de irregularidades graves que vienen acumulándose en la Policía de Santa Fe.

El caso —que ya es investigado por el posible uso indebido de una Taser— se suma a un escenario institucional deteriorado, con decisiones operativas en discusión y una conducción que no logra ordenar ni dar respuestas.

De la crisis salarial a la crisis de conducción

Hace apenas un mes, la provincia fue escenario de un reclamo sostenido durante más de diez días, iniciado en Rosario y extendido a distintos puntos del territorio.

Aquella protesta, protagonizada por personal activo, retirados y familiares, no fue solo salarial: expuso una crisis más profunda, vinculada a la falta de conducción, al desgaste interno y a la ausencia de canales reales de diálogo.

Nada de eso fue resuelto a excepción de unos pocos pesos que no alcanzan.

Una jefatura que no contiene ni conduce

Lejos de encauzar la situación, la actual cúpula policial ha profundizado el conflicto.

La permanencia del actual jefe de Policía Luis Maldonado aparece hoy como un factor de riesgo institucional. No solo por los resultados, sino por los modos.

Cabe recordar un hecho particularmente grave: el propio jefe de la fuerza intervino personalmente en la represión de efectivos, retirados y familiares que se manifestaban pacíficamente frente a la Unidad Regional II.

Esa escena —impropia de cualquier conducción profesional— dejó una marca interna que aún no cicatrizó.

Un estilo de conducción que agrava la crisis

Sostener en la conducción a un funcionario que ha protagonizado episodios de desborde, con reacciones alejadas de la templanza que exige el cargo, no solo debilita la autoridad institucional: la degrada.

Para muchos dentro de la fuerza, la continuidad de esta jefatura responde más a decisiones políticas que a criterios profesionales. Y en ese contexto, no son pocos los que describen la situación con crudeza: se está sosteniendo a un energúmeno en un lugar donde se necesita conducción, equilibrio y responsabilidad.

Pullaro y una política de seguridad sin conducción real

Pero el problema no termina en la cúpula policial. Tiene un responsable político directo.

La actual política de seguridad del gobernador Maximiliano Pullaro muestra signos claros de improvisación, desorden y falta de rumbo.

Lo que se presenta como firmeza termina pareciendo, en los hechos, una “estudiantina”: decisiones espasmódicas, cambios constantes y ausencia de una conducción profesional sostenida en el tiempo.

Sostener a una jefatura cuestionada, sin resultados y con fuerte rechazo interno, no es un error técnico: es una decisión política.

Y sus consecuencias están a la vista.

Sin conducción, el riesgo es para todos

Cuando la conducción falla, las consecuencias no se limitan al plano interno.

Impactan directamente en:

  • La calidad de las decisiones operativas
  • La seguridad de los propios efectivos
  • Y, en última instancia, la protección de la ciudadanía

El caso del vigilador en Rosario, con un procedimiento hoy bajo investigación, vuelve a mostrar lo que ocurre cuando no hay criterios claros ni liderazgo efectivo.

Una continuidad difícil de explicar

A esta altura, la continuidad de esta conducción resulta cada vez más difícil de justificar.

No se trata de diferencias políticas ni de matices de gestión. Se trata de resultados, de hechos concretos y de un deterioro visible.

Sostener una jefatura cuestionada, sin capacidad de ordenar la fuerza ni de recomponer la confianza interna, no solo prolonga la crisis: la profundiza.

Una decisión que ya no admite demora

Lo que está en juego ya no es una interna policial ni un problema sectorial.

Es la estabilidad institucional de la fuerza.

Y cuando una conducción se vuelve parte del problema, su continuidad deja de ser una opción y pasa a ser un riesgo.

–APROPOL

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